miércoles, 25 de septiembre de 2019

¡¡¡QUE TU SÍ… SEA SÍ…Y

¡¡¡QUE TU…NO SEA…NO!!!
 Resultado de imagen para que tu si sea si..que tu no sea no..

 “Cuando ustedes dicen ‘’, que sea realmente sí; y, cuando digan ‘no’, que sea no” (Mateo 5:37). Con otras palabras sería: Saber lo que se quiere y querer lo que se sabe”.

Cuando nos desdecimos de lo pactado libremente –es que dijimos Sí, para luego decir No – ñande estiloitepe -, no respetamos el horario convenido, prometemos algo y no cumplimos...se deterioran las relaciones interpersonales: hay desconfianza y las relaciones pierden calidad.

El Señor Jesús dijo a sus discípulos y a la gente, refiriéndose a los maestros de la ley y a los fariseos: “No sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra” (Mateo 23:3).

Todos decimos o “vendemos” la idea que ser coherentes. Y más de uno ha de pensar que, es nomás luego coherente. Pero, somos imperfectos y la realidad es que - salvando las consabidas excepciones - no siempre hacemos lo que pensamos, lo que decimos o prometemos.

Somos incoherentes cuando mantenemos dos ideas contradictorias; decir o pensar una cosa y hacer otra distinta; decidir que no vamos hacer algo y a pesar de ello hacemos, o viceversa. Luego, cuando nuestro decir va de contramano a nuestro hacer, pueden ocurrir dos cosas:

1º - Valorar más lo que me parece en este momento, dejando atrás el compromiso asumido. Ejemplo: “por una hora de atraso ko, nada va a pasar”, total, “así loo somos nohotro”.
Esto explica la tendencia a la autojustificación y la autoindulgencia, dice la psicóloga Paula Perdomo.

Al justificarnos bajamos los niveles de ansiedad que provoca la incoherencia y le damos validez. Negamos nuestra responsabilidad y sus consecuencias negativas: “si tiro unas canitas al aire, no es problema, qué pio tanto… al final…son cosas de la vida”

Autojustificarse es engañarse, negar algo que todo el mundo ve. Entonces, perdemos credibilidad y coherencia. Nuestra integridad queda bajo sospecha, como mínimo. Luego, ¿Por qué nos autoengañamos? …Por falta de coraje para reconocer o corregir errores.

A propósito, dice Jacinto Benavente (1866-1954-Premio Nobel de Literatura): “Desdecirse de lo dicho…es igual a querer deshacerse de una parte elemental de uno mismo… de su pensamiento, emociones, razonamientos, de lo que cree”…

El que se desdice de lo dicho, por su propia conveniencia, niega  sus palabras, arremete justificando sus arrebatos. También asegura que sus palabras han sido mal interpretadas, e incluso, llega a negar a toda costa que esas palabras le pertenezcan.

Desdecirse de lo dicho y retractarse no son sinónimos. Quien se desdice de lo dicho trata de negar la responsabilidad de sus actos. Quien se retracta se hace responsable de ellos. Gran diferencia entre quienes se desdicen de sus palabras y la humildad con la que otros se retractan, afrontan y las corrigen.

Arrepentirse y comprender que hemos errado…y asumir las consecuencias es noble acto. Es vergonzosa cobardía no reconocer ni lo dicho ni sus consecuencias.

Consideremos que no hay peor compañía que aquella que nunca reconoce lo que dijo, lo que hizo, ni sus errores. Si somos uno de estos, sepamos que nadie confiará en nosotros y consecuentemente, nadie nos sostendrá cuando necesitemos algún tipo de apoyo.

Es urgente y necesario abandonar esa “cultura” del ñembotavy que permea incontenible en nuestro modus vivendi, tanto que, al parecer se ha constituido en algo así como una “segunda piel”.

Todo es posible, si deseamos de corazón, redimirnos de estas prácticas de “chiquero inmoral” en la cual estamos penosamente chapoteando, porque la densidad de delincuentes por metro cuadrado, crece geométricamente.

Derribemos muros, construyamos puentes teniendo presente la regla de oro“Traten a los demás como quieren que los trataran a ustedes. Ese es el verdadero significado de la ley y de la enseñanza de los profetas” (Mateo 7:12). 

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