sábado, 2 de diciembre de 2017

CAACUPÉ...

¡OASIS  DE  ESPERANZA Y GRATITUD!

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Ahí estamos todos en esa interminable fila de peregrinos, donde la igualdad y solidaridad democráticas se hacen patentes como en ningún otro momento del año. Ahí estamos todos, venidos del este y del oeste, del norte y del sur. Miserables y pobres al lado de ricos y opulentos, forman unánimes una gran familia. (Cfr. S. Núñez - Caacupé, p. 30).

Ahí se concentran miles de almas, cada una con su preocupación y su quebranto, con sus deseos y esperanzas, con sus compromisos y promesas derramando calladamente la indecible confianza con que la fe nos asegura. (30)

Caacupé es el remanso de la nación paraguaya. Los hombres y los pueblos necesitan de estos oasis de recogimiento y de estos momentos de remanso, en que se renuevan las energías y se esclarecen más el sentido o destino de la existencia.

Caacupé es uno de esos momentos en que la conciencia del pueblo paraguayo se remansa, es decir, donde obtiene sosiego y paz. Como decía aquel poeta: “Caacupé es la playa de estacionamiento donde van a sestear y a pernoctar todos los amores y dolores que transitan por la patria”. (40)

De todos los rincones de nuestro país, de todos los niveles de nuestra sociedad, de todas las edades y condiciones, varones y mujeres, niños, jóvenes y ancianos, todo el pueblo de esta noble nación forma el conjunto de miles y miles de peregrinos que expresan su fe, deseos y esperanzas cada 8 de diciembre.

Decimos remanso de la gran mayoría del pueblo paraguayo, porque no es solamente la devoción mariana la que ahí se expresa y canta. Es toda la historia nuestra de cada día: la privada y la pública, la familiar y la social, con sus éxitos y sus fracasos, con sus alegrías y sus penas, toda la existencia del cristiano allí se pone de rodillas.

Vemos que concurren y expresan sus alborozos los jóvenes que culminaron sus estudios, los novios que pronto harán un nuevo hogar, las parejas matrimoniales y sus mil inquietudes de familia, los obreros y campesinos labradores, quebrantados por el escuálido salario o por la mala cosecha, los legisladores de la nación y los políticos.

Allá van los enfermos y los de buena salud, los dañados por la droga o los afectados por el sida. Problemas de familia o problemas de trabajo, planes de economía y plataformas de políticas, van a parar en Caacupé. Y hasta los futbolistas llegan al Santuario con sus grandes deseos de victorias y clasificación.

Eso fue y será siempre Caacupé: un gran remanso de toda la historia patria. En la paz y en la guerra, en las horas de bonanza como en horas negras de inútiles luchas entre hermanos, paño de lágrimas de todos nuestros quebrando y ánfora sagrada de nuestros deseos. (42)

En medio de tantos apretujones, comiendo chipá o tomando aloja, estarán nuevamente con fe, irradiando resplandor o echando humo, diciendo a Dios Padre, por medio de Jesucristo y de su bendita Mamá, aquella oración verdadera que un padre de familia dijo a gritos delante de Jesús: “Creo Señor, pero ayúdame a creer más” (Mc 9,24) (43)

Es claro que no faltarán, seguramente, espíritus críticos y odios mal contenidos que pueden sentir hasta repugnancia por esta religiosidad popular, llena de cansancio y de sudores

“Quisieran acercarse al Santuario como quienes se acercan a un palacio imperial, con ceremonial cortesano e indumentaria de etiqueta. Son espíritus angelicales que quisieran vivir la comunión con Dios sin mezcla de chipá, sandía y mosto”.

"No pueden ver a Dios, ni mostrar su devoción a la Virgen, en medio de tanta gente que extiende un piri y se duerme en las veredas, o que a la sombrea de cualquier árbol desata su pobre avío, come, y bebe y, otras cosas". 

Y sin embargo, allí está el Padre nuestro, Dios de la encarnación y de la historia, junto al hombre real que le necesita y le busca con toda su pobreza...Y mamá María sabe muy bien que somos oscuros pecadores los que le rogamos interceder “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Si mañana vamos morir, ¿qué más da: que estemos sucios, cansados, llenos de polvo y sudor? (32)

No existe en toda la nación paraguaya, inmensa muchedumbre que con tan espontánea libertad trae sus votos y promesas al corazón de la Mamá serrana. Negar esta realidad es falta de respeto a miles de personas que acuden a Caacupé con sus amores y desamores, dolores, fatigas y esperanzas.

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