domingo, 3 de mayo de 2015

CUANDO LA SOBRIEDAD CRISTIANA ESTÁ AVERIADA…

LA CONSECUENCIA ES: PECADO, DOLOR Y MUERTE

No es necesario recurrir a Transparencia Internacional – organismo encargado de medir el grado de corrupción de los países, para advertir la acelerada crisis del nivel ético en la humanidad. Basta mirar a los costados…y la evidencia golpean el rostro.

En una clase de Teología,  aquel alumno preguntó: ¿Hay algún país que se salve del fraude fiscal, de transacciones ilícitas, contrabando, robo, mentira, especulación, soborno, narcotráfico, etc.? Y otro respondió: ¡No hay caso chera´á! (amigo, socio).

Ante cotidianas malas noticias que degradan al país: ¿Es imposible contar con instituciones públicas y privadas sanas, jueces no venales e independientes, fiscales que no sobornen para no imputar, funcionarios públicos sin ambición desmedida y una opinión pública menos enclenque, dispuesta a denunciar tantas barbaries?... Podremos algún día curarnos del cáncer de la corrupción e impunidad?

Personalmente no encuentro mejor respuesta a las preguntas formuladas, las dadas por el Gilles Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés. Por tanto, me quedo con sus reflexiones: En “La era del vacío” analiza lo que se ha considerado la sociedad posmoderna, con temas recurrentes como el narcisismo apático, el consumismo, el hiperindividualismo psicologista, la deserción de los valores tradicionales, la cultura de masas y su indiferencia, el hedonismo, la moda y lo efímero, los mass media, el ecologismo como disfraz y pose social, entre otras.

Ciertas marcas de éxito que han alcanzado celebridad mundial “hablan” de todo menos del propio producto. (p 41). Exhibir un logotipo, para un joven, no equivale a ponerse por encima de los otros, sino a no parecer menos que los otros. (p.45). El consumo ejerce su influencia en la medida en que tiene capacidad para aturdir o adormecer, para ofrecerse como paliativo de los deseos frustrados del hombre moderno. (54).

Comprar lo que complace y no sólo lo que se necesita no es ya monopolio de las capas privilegiadas, sino, poco a poco, de las propias masas. (p.92). El niño o el preadolescente ejerce una influencia cada vez mayor en las compras realizadas por los padres: se ha convertido en un comprador decisorio.

Hay multitud de padres que ya no imponen reglas ni estructuras fijas aduciendo que lesionan la personalidad del hijo y le ocasionan sufrimiento interior; ya no quieren tanto inculcar el sentido del límite, respeto y obediencia, como escuchar y satisfacer los deseos de los hijos. (194).

La transformación de la esfera educativa no ha dejado de tener consecuencias profundas en la vida psíquica de los individuos. Uno de los efectos de esta educación es que tiende a privar a los hijos de reglas, de pautas ordenadas y regulares que son necesarias para la estructuración psíquica. (p 194).

Goce de la embriaguez, consumo masivo de drogas, trances en las tecnofiestas: Dioniso era el dador de alegrías y riquezas. Hoy las drogas se asocian al infierno de la dependencia y a la muerte, a la cárcel y al delito. (239).

La sobriedad cristiana da valor a las cosas que sí son importantes, permitiendo distinguir entre lo razonable y lo que es exagerado, en otras palabras, actuar con moderación. Jesús dijo a sus discípulos: «No se atormenten por su vida con cuestiones de alimentos, ni por su cuerpo con cuestiones de ropa.

Miren que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Un auténtico la vive virtud de ser sobrio, moderado, especialmente si no se deja dominar por la satisfacción del placer. ¿Habría tanto caos, dolor y muerte en el mundo, si fuéramos más moderados?  

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