viernes, 17 de mayo de 2013

LA ESPOSA DEL CESAR NO SOLO DEBE SER HONESTA...

SINO TAMBIÉN...PARECERLO....
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Cuenta la historia que en el año 63 a.C. César fue elegido pontífice máximo de la religión romana, lo que le daba derecho a residir en la residencia oficial en la Via Sacra

En esta casa, su esposa Pompeya celebró una fiesta de la Bona Dea (la buena diosa), a la que ningún hombre tenía derecho de asistir. Sin embargo un joven patricio, Publio Clodio Pulcro, consiguió introducirse en la casa, disfrazado de mujer, aparentemente con el propósito de seducir a Pompeya.

Fue descubierto y perseguido por profanación. César no aportó ninguna prueba contra Clodio durante el juicio, y éste fue absuelto. Sin embargo, se divorció de Pompeya, aduciendo: “Mi esposa debe estar por encima de toda sospecha”. Esta cita de César ha pasado a ser famosa: “La esposa del César no solo debe se honesta, sino también,  parecerlo”.

Uno de los principales desafíos que todo funcionario público, desde el presidente para abajo, debe enfrentar desde el primer día de su asunción al mando, es el combate a la asfixiante corrupción, una de las causas de la miseria en la cual penosamente seguimos chapoteando.

Es que, la corrupción, entre otros males, es "el abuso de poder público para robar. Corrupto es por tanto, un comportamiento desviado de aquel que ocupa un cargo -que se torna carga- en la estructura estatal. Es tanta la experiencia obtenida en este "rubro" que hace rato ocupamos los primeros puestos en el ranking continental.

La incoherencia entre fe y vida de muchos cristianos en cargos públicos, genera modelos sociales injustos. Paraguay tiene ante sí el reto de transformar sus estructuras sociales para que sean acordes con la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales. Un importante porcentaje de aipo "servidores públicos" se declara cristiano.... ¿Ha mba-é pio entonces la i porte kuera?

El divorcio entre vida y fe, provoca que en muchos ambientes estatales, por el afán de poder y gloria, se deterioren las sanas formas de convivencia, convirtiendo la gestión de la cosa pública en delitos de impunidad, narcotráfico, robos descarados, y demás etcéteras ventiladas casi diariamente por la prensa.

Todo esto lleva a diversas formas de violencia, indiferencia y desprecio del valor inviolable de la vida. Sin una referencia moral, se cae en un deseo ilimitado de riqueza y de poder, que aplasta todo y cualquier “discurso” de promesas de vivir en un mejor país, que tanto cacarean.

Nuestra autoridades, en general, salvando las consabidas excepciones, no sólo no gozan de credibilidad...además, son despreciables y lo saben. (Muchos no pueden salir a las calles sin guardaespaldas...¿qué historia es esa?. ¿No debieran las autoridades gozar de respeto y afecto de su pueblo?

Un Paraguay más honesto es posible. Hace falta que los de arriba comiencen por dar el ejemplo del César, que los funcionarios superiores estén libre de toda sospecha, para que el pueblo recuerde y viva las lecciones de decencia y austeridad de las tanto cacarean. ¡Podemos..... si queremos!

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